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25 de Abril de 2018
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El Templo de Bragolsûl, El Repentino.



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Escuchando a: The Carpenters

Hasta hace una semana, ésta era la mesa de mi PC.

Más o menos se pueden imaginar. el gabinete abajo a la derecha, el monitor arriba a la izquierda, y el resto desparramado por ahí.

Pero esa mesa tenía un inconveniente para la gente alta como muá. Uno no puede distenderse y estirar las patas por debajo de la mesa (o se arruga, o se sienta de coté) debido al estante de abajo del todo.
También, resultaba un poco baja.

Bueno, la cosa es que me dispuse a modificarla para que me resultara cómoda. Ya le había hecho pequeños cambios algunas veces, pero ésto iba más a fondo.
A continuación, el registro fotográfico de lo acontecido:


El orden visto en la otra foto duró aproximadamente 5 minutos.


Siempre surge algún inconveniente en el traslado de dispositivos.


El público expectante.


Sin el estante inferior, la mesa perdía firmeza.
Circunstancialmente pasó mi viejo, vió la cagada que me estaba mandando y me dijo "metéle un fierro adelante, con unas tuercas, así no se abre" y eso hice.



Aproveché y ya que estaba, para sostener el estante del gabinete usé una planchuela en vez de una madera (como había pensado en un principio).


La función principal de una rueda es girar. Sólo una cumplía esa condición, así que había que reemplazar las cuatro (esas son las viejas).


El resultado final, ya con las ruedas nuevas (más resistentes) y un par de estantes para compensar la superficie de apoyo perdida.


El público es un cruel jurado.


Y aquí el modelo en cumplimiento de sus funciones, con un comodísimo espacio en medio para estirar las patas a piacere.


Y un par de extras:

Imagen 1. Implemento sujetacables "noarrastresporelpisopedazodeporquería".
Imagen 2. Gancho de primera para auriculares de última.

Por supuesto, lo primero que hice para estrenar la mesa fue meterme a un sitio que visito a diario, aunque lo encontré algo cambiado.



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Hoy lavé el auto, puede pasar cualquier cosa.
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- Díspóngase comodamente sentado frente a la PC.
- Colóquese los auriculares (tenga la precaución de enchufarlos previamente a los conectores de audio de su PC).
- Dedíquese plácidamente a disfrutar de la música mientras realiza esas tareas diarias tan importantes y que no puede dejar de lado (Facebook, YouTube, MSN, etc.)
- Distráigase lo suficiente como para no notar que su pie se ha ido colocando sigilosamente, sobre el cable de los auriculares que arrastra por el suelo.
- Levántese bruscamente para atender cualquier tipo de asunto.

El resultado: unos auriculares inalámbricos perfectamente inútiles.
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Quiero informarles que ya estoy bien, que fue sólo un susto pasajero. Ya reparé el control remoto
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Estado de ánimo: Confundido y bastante perdido
Hoy me ha pasado algo que me ha descolocado por completo.
Uno está acostumbrado a desempeñarse de cierta manera en la vida, a realizar ciertos movimientos de memoria, sin prestar demasiada atención a aquellos eventos que, por rutinarios, se nos pasan de largo, como si no los hubiéramos hecho.
A fuerza de reiteración nos acostumbramos tanto a llevar adelante ciertas acciones de un modo específico, que al privársenos de uno de los elementos que componen ese proceso entramos en un estado de desolación y desorientación que pueden, sin demasiada dificultad, conducirnos a un estado de pánico o depresión.
Hoy se me rompió el control remoto de la tele, no saben que bajón.
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Estado de ánimo:
Esto que voy a contar me pasó hace como 5 o 6 meses, en ese momento no pude hacerme el tiempo de contarlo aquí, pero cada vez que lo recuerdo me resulta algo digno de compartir.
Va a ser un poquito largo.

El año pasado en Argentina hubo un arduo debate acerca de los medios de comunicación. Digo debate, pero en realidad fue (y sigue siendo) una guerra interesantísima.
El disparador del conflicto fue un proyecto de ley del oficialismo que proponía sancionar una nueva ley que regulara a los medios de comunicación y que reemplazara a la existente, sancionada en los '70 por la dictadura militar.
Por supuesto, los monopolios a los que favorecía esa ley tiránica pusieron el grito en el cielo y lanzaron toda su artillería en contra del proyecto, tanto que algunos dejaron de ser sutiles o incluso medianamente inteligentes en cómo hacerlo (digamos que se le cayó la máscara a más de uno).

Bien, "¿y esto qué hace en un LiveJournal dirán ustedes?" y les contestaré que está aquí debido a que probablemente sea una de las cosas más importantes que haya hecho en mi vida y quería compartirlo.

Este proyecto fue de lo más extraño y de lo mejor implementado que he visto en toda mi vida en lo que respecta a la formulación de una nueva ley. Se llamó a participar en él a todo el que tuviera una idea para aportar, ya sea vía web, correo, o en los congresos informativos celebrados en todo el país.
Pues bien, un buen día me encuentro un banner en el que llamaban a enviar tu idea, y en el clima de alpedismo total en que me encontraba en esos días, decidí mandar mi propuesta, sin demasiadas esperanzas en que alguien llegara a leerla algún día (uno ya le conoce ciertos mecanismos a los engrupidores).
La mía era una propuesta bastante simple aunque bien detallada. En resumen, lo que proponía era que el volumen de audio de la programación y el de las publicidades fuera el mismo (las emisoras tienen la costumbre de subir el volumen en las pautas publicitarias).

El tiempo pasó y me olvidé del asunto, como dije, la cuestión me parecía más bien una farsa.
Entonces, allá por septiembre, un par de días antes de mi cumpleaños, me llega un mail de un periodista medio amateur preguntando por mi propuesta y si yo tenía algo que ver con el gobierno y cosas así.
En principio no entendí mucho, pero grande fue mi sorpresa al remitirme a un enlace que me envió en el mismo mail. Dirigía al artículo 81 del proyecto de ley. Allí, en el inciso "e" se lee "e)(los avisos publicitarios...) Se emitirán con el mismo volumen de audio y deberán estar separados del resto de la programación (93);" y no solo eso, si uno busca la referencia de ese (93) figura mi nombre.

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue sancionada y promulgada el 10 de octubre, con mi inciso incluido, regulará a los medios hasta que otra la reemplace (la anterior duró 30 años) y no puedo menos que sentir que hice algo bueno y que beneficiará a mucha gente (aunque sea una pavada).
Se que hay mucho de ego en esta entrada, pero cada vez que pienso en este tema aquellas cosas que me parecían imposibles ya no me lo parecen tanto y allí está la verdadera intención de poner esto aquí, por si sirve para ayudar voltear alguna de esas barreras impuestas que nos dicen que hay cosas que no podemos hacer. Es mentira, podemos todo.


Glosario:
alpedismo: de "al pedo", estar "al pedo" es estar sin hacer nada, sin preocupaciones, sin ocupaciones no posocupaciones ¿se entiende? así, al pedo.
engrupir: engañar, estafar.
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Estado de ánimo: Jodón
Materiales necesarios:
- unas cuantas imágenes de cualquier cosa (preferiblemente jpg)
- un editor de video

Procedimiento:
Paso 1:
Cargar las imágenes en el editor de video (normalmente mediante la opción "Importar...")
Paso 2:
Entrar a la configuración y cambiar los "cuadros por segundo" a 1.
Pas0 3:
Renderizar el video.

¡Listo! Ya tiene usted un video de 1 FPS (¿o qué? ¿esperaba otra cosa?)


Tutoriales anteriores:
- Tutorial: Pasos para realizar un guión.
- Tutorial 2: cómo doblar las voces del GTA IV
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Estado de ánimo: Cusí cusí
Erase una vez, una plaza y circunstancia.
La plaza era la Plaza de Congreso y su circunstancia eran las palomas, la gente caminando, los chicos jugando, la fuente de Lola Mora ofreciendo un respiro al transeúnte agobiado por la presión de los enormes edificios entre los de los que acaba de salir, y en los que debe sumergirse nuevamente en breve.
En una porción de este enorme parque un joven de unos 25 años, alto, muy flaco, descansa sus pies a la sombra de un ombú, sentado en un banco que milagrosamente encontró desocupado. El banco está sobre un enorme charco de agua sucia y barro, y tal vez por eso se encontrara libre, pero aún así permite estirar los pies sin ensuciarse. Sentado al lado del joven se encuentra su padre, un hombre bajo, fortachón, de unos cincuenta y pocos años. Ambos están esperando, la rapidez con la que terminaron con la actividad que los había convocado les había dejado un tiempo muerto bastante extenso antes de emprender la partida.
La mañana está tibia, el sol va perdiendo su timidez a medida que el mediodía se acerca y, quienes pueden, se acercan a la plaza a disfrutarlo.
Las palomas, mansas, ya domesticadas, apenas se mueven cuando el pie de algún paseante les pasa cerca, y se acercan dóciles a dos chicos, de no más de 5 años, que les arrojan maíz. Su joven madre juega con ellos y sirve de escudo al más pequeño, que, riéndose, se esconde tras ella cuando las aves se le acercan. El padre le saca fotos al chico más grande, quién logró que una paloma le subiera a la mano.
A jugar se acerca otro chico, también de unos 5 años, también con su maíz. Al igual que los otros dos, lo consiguió de manos de un viejo con un carrito que lo vende a unos metros, sentado en una sillita de camping. A este chico lo acompaña su abuela, una representación viva de la idish mame judía, que le aconseja arrojar el maíz de a pequeños puchitos, para que le dure más. Las dos familias se saludan, se sonríen.
Una pareja de viejos sentados en otro banco de la plaza miran la escena, también sonríen.
Un grupo de estudiantes sentados al borde de la fuente se gritan, hacen chistes, se empujan.
El joven, que había estado observando la escena, ve como la sombra del ombú se ha ido corriendo y al fin el sol los está alcanzando a él y a su padre.

Un rechinar se comienza a oír de pronto cada vez más cercano. Un carromato oxidado, sucio, se acerca cruzando la plaza empujado por un pendejo de unos 20 años, corpulento, prepotente, al que lo sigue un viejo igual de achacoso que el carro, trayendo una silla de colegio, sin respaldo. Ellos también venden maíz.
Pisan el pasto, pasan por delante del otro viejo, atraviesan por en medio de un grupo de palomas y estacionan el carromato justo delante del banco en que están sentados el joven y su padre. No les han dejado ni medio metro para estirar las piernas. Ambos suponen que lo están acomodando, que necesitan poner el carromato allí para poder girar y ubicarlo en otro lugar, y entonces permitirles seguir disfrutando del sol. Ambos se equivocan. El más joven de los intrusos, pasando por sobre las piernas de los dos, comienza a armar el carromato. Abre unas puertitas, saca unas lonas, un bolso y un buzo. Deja estos dos últimos sobre la silla que el viejo ubicó sobre un charco de barro, cerca del banco. La lona la tira directamente en un pequeño espacio libre del banco en que se encuentran sentados el joven y su padre. Sin poder creer tanto abuso, ambos se contienen. El padre porque es bueno, el joven porque es cobarde.
El joven recorre nuevamente los alrededores con la vista. Casi no hay palomas, los chicos se han ido con sus familias, el viejo que vendía manís se marcha lentamente, la pareja de viejitos mira el carromato, indignada, y también se marcha, los estudiantes ya no están tan activos, murmuran entre ellos y señalan el carromato.
El joven mira a su padre, quien tiene la vista fija en el carromato.
El padre sabe que podría darle una lección a esos dos sin mucho esfuerzo, pero que debe contenerse por su hijo.
El joven lee esto en sus ojos. Todo le parece muy injusto, quiere actuar, quiere agarrar al pendejo y partirle la cara de una trompada. Pero sabe que no puede, que es débil, y su padre tendría que intervenir. Y el tampoco quiere meter a su padre en problemas.
Se levanta y le dice:
- Vamos.
El padre lo mira, mira el carromato y al par de prepotentes con bronca, respira profundo y contesta:
- Vamos.- y les reclama, sabiendo que podría haber hecho más- que educados son ustedes.

El joven y su padre se marchan, el mas joven de los intrusos se sienta en el banco y se pone a buscar cosas dentro del carromato. El joven espera a que su padre vaya adelante, lo deja avanzar unos pasos y lo sigue. Como al pasar deja caer la mano, empuja el buzo y el bolso de la silla y éstos caen al barro. A los pocos metros escucha el reclamo:
- ¡Ey! me tiraste las cosas al barro. -
El joven se da vuelta y con un gesto de quien ha hecho algo sin querer pero sin esforzarse en hacerlo parecer sincero le contesta:
- ¡Huy! No los vi...
El joven vuelve a recorrer el lugar con la vista, los estudiantes ya están de nuevo en sus cosas, la pareja de viejos está bastante lejos y el resto ya han desaparecido. Piensa en lo linda que estaba esa mañana y en lo bien que la estaba pasando la gente. Piensa en como dos imbéciles alcanzaron para arruinarle un buen momento a mucha gente y en como unas pocas malas intenciones pueden echar a perder algo tan difícil de lograr. Piensa en lo fácil que es hacer las cosas mal y el lo difícil que es hacerlas bien. Piensa en el esfuerzo de su padre por contenerse.
El joven alcanza a su padre, que estaba a punto de volver al ver que le gritaban algo a su hijo. El padre al verlo venir lo espera y le pregunta:
- ¿Que te dijo?
- Nada.- y agregó- Que lo disculpes.- se sonrió y miró al otro lado de la calle- Crucemos, que está en verde.
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Estado de ánimo: Cusí cusí
Retomé el Mount&Blade, ya se imaginarán por qué razón. Arranqué de cero, lo hecho hace 6 meses no era mucho y preferí dejar esa partida.

Bien, Calradia no es un lugar fácil, al menos para un paquete como yo, así que he tenido que empezar desde el principio varias veces. Mas o menos esta es la descripción de esos intentos:

1º. Que voy lo más campante cabalgando por las verdes pasturas de Calradia, disfrutando el paisaje, respirando aire limpio, y que me agarra una patota de malechores que me deja en bolas en medio del campo y sin caballo.

2º. Que voy por Calradia reclutando gente, con un pequeño séquito de campesinos chupamedias que me acompañan a llevar unas cabezas de ganado, y que me agarra una banda de desertores que me deja en bolas en medio del campo y sin caballo.

3º. Que voy por Calradia con sed de venganza, buscando malvivientes para hacerlos moco, acompañado de una hueste de feroces hombres montados y que me agarra una tropa de piratas que me deja en bolas en medio del campo y sin caballo.

Hay que decir que hasta ahora la experiencia, si bien refrescante, me tiene los pies a la miseria de tanto andar a pata.

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Estado de ánimo:
Materiales necesarios:
- GTA IV
- Un DVD virgen
- Grabadora de DVD
- Una bandita elástica

Procedimiento:
Paso 1:
Instalar GTA IV.
Paso 2:
Ir al directorio de instalación del juego y buscar la carpeta "...pc/audio/SFX".
Paso 3:
Copiar al DVD virgen los archivos "speech.rpf" y "scripted_speech.rpf", los cuales contienen las voces del juego.
Paso 4:
Una vez grabado, tomar el DVD desde dos de sus extremos y flexionarlo con cuidado, lo máximo posible sin romperlo.
Paso 5:
Sujetar el DVD en esta posición con la bandita elástica para que no regrese a su estado natural.

¡Listo! Ya tiene usted las voces del GTA IV "dobladas", ahora, disfrute del juego (en inglés, claro).
Advertencia: tened extremo cuidado al realizar el Paso 4, puesto que se corre el riezgo de obtener, en vez de las voces "dobladas", las voces "rotas".



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