Clan DLAN
01 de Junio de 2020
Actualmente tenemos 77 usuarios online.
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Clan DLAN
Elige el skin:




Estado de ánimo: Cusí cusí
Erase una vez, una plaza y circunstancia.
La plaza era la Plaza de Congreso y su circunstancia eran las palomas, la gente caminando, los chicos jugando, la fuente de Lola Mora ofreciendo un respiro al transeúnte agobiado por la presión de los enormes edificios entre los de los que acaba de salir, y en los que debe sumergirse nuevamente en breve.
En una porción de este enorme parque un joven de unos 25 años, alto, muy flaco, descansa sus pies a la sombra de un ombú, sentado en un banco que milagrosamente encontró desocupado. El banco está sobre un enorme charco de agua sucia y barro, y tal vez por eso se encontrara libre, pero aún así permite estirar los pies sin ensuciarse. Sentado al lado del joven se encuentra su padre, un hombre bajo, fortachón, de unos cincuenta y pocos años. Ambos están esperando, la rapidez con la que terminaron con la actividad que los había convocado les había dejado un tiempo muerto bastante extenso antes de emprender la partida.
La mañana está tibia, el sol va perdiendo su timidez a medida que el mediodía se acerca y, quienes pueden, se acercan a la plaza a disfrutarlo.
Las palomas, mansas, ya domesticadas, apenas se mueven cuando el pie de algún paseante les pasa cerca, y se acercan dóciles a dos chicos, de no más de 5 años, que les arrojan maíz. Su joven madre juega con ellos y sirve de escudo al más pequeño, que, riéndose, se esconde tras ella cuando las aves se le acercan. El padre le saca fotos al chico más grande, quién logró que una paloma le subiera a la mano.
A jugar se acerca otro chico, también de unos 5 años, también con su maíz. Al igual que los otros dos, lo consiguió de manos de un viejo con un carrito que lo vende a unos metros, sentado en una sillita de camping. A este chico lo acompaña su abuela, una representación viva de la idish mame judía, que le aconseja arrojar el maíz de a pequeños puchitos, para que le dure más. Las dos familias se saludan, se sonríen.
Una pareja de viejos sentados en otro banco de la plaza miran la escena, también sonríen.
Un grupo de estudiantes sentados al borde de la fuente se gritan, hacen chistes, se empujan.
El joven, que había estado observando la escena, ve como la sombra del ombú se ha ido corriendo y al fin el sol los está alcanzando a él y a su padre.

Un rechinar se comienza a oír de pronto cada vez más cercano. Un carromato oxidado, sucio, se acerca cruzando la plaza empujado por un pendejo de unos 20 años, corpulento, prepotente, al que lo sigue un viejo igual de achacoso que el carro, trayendo una silla de colegio, sin respaldo. Ellos también venden maíz.
Pisan el pasto, pasan por delante del otro viejo, atraviesan por en medio de un grupo de palomas y estacionan el carromato justo delante del banco en que están sentados el joven y su padre. No les han dejado ni medio metro para estirar las piernas. Ambos suponen que lo están acomodando, que necesitan poner el carromato allí para poder girar y ubicarlo en otro lugar, y entonces permitirles seguir disfrutando del sol. Ambos se equivocan. El más joven de los intrusos, pasando por sobre las piernas de los dos, comienza a armar el carromato. Abre unas puertitas, saca unas lonas, un bolso y un buzo. Deja estos dos últimos sobre la silla que el viejo ubicó sobre un charco de barro, cerca del banco. La lona la tira directamente en un pequeño espacio libre del banco en que se encuentran sentados el joven y su padre. Sin poder creer tanto abuso, ambos se contienen. El padre porque es bueno, el joven porque es cobarde.
El joven recorre nuevamente los alrededores con la vista. Casi no hay palomas, los chicos se han ido con sus familias, el viejo que vendía manís se marcha lentamente, la pareja de viejitos mira el carromato, indignada, y también se marcha, los estudiantes ya no están tan activos, murmuran entre ellos y señalan el carromato.
El joven mira a su padre, quien tiene la vista fija en el carromato.
El padre sabe que podría darle una lección a esos dos sin mucho esfuerzo, pero que debe contenerse por su hijo.
El joven lee esto en sus ojos. Todo le parece muy injusto, quiere actuar, quiere agarrar al pendejo y partirle la cara de una trompada. Pero sabe que no puede, que es débil, y su padre tendría que intervenir. Y el tampoco quiere meter a su padre en problemas.
Se levanta y le dice:
- Vamos.
El padre lo mira, mira el carromato y al par de prepotentes con bronca, respira profundo y contesta:
- Vamos.- y les reclama, sabiendo que podría haber hecho más- que educados son ustedes.

El joven y su padre se marchan, el mas joven de los intrusos se sienta en el banco y se pone a buscar cosas dentro del carromato. El joven espera a que su padre vaya adelante, lo deja avanzar unos pasos y lo sigue. Como al pasar deja caer la mano, empuja el buzo y el bolso de la silla y éstos caen al barro. A los pocos metros escucha el reclamo:
- ¡Ey! me tiraste las cosas al barro. -
El joven se da vuelta y con un gesto de quien ha hecho algo sin querer pero sin esforzarse en hacerlo parecer sincero le contesta:
- ¡Huy! No los vi...
El joven vuelve a recorrer el lugar con la vista, los estudiantes ya están de nuevo en sus cosas, la pareja de viejos está bastante lejos y el resto ya han desaparecido. Piensa en lo linda que estaba esa mañana y en lo bien que la estaba pasando la gente. Piensa en como dos imbéciles alcanzaron para arruinarle un buen momento a mucha gente y en como unas pocas malas intenciones pueden echar a perder algo tan difícil de lograr. Piensa en lo fácil que es hacer las cosas mal y el lo difícil que es hacerlas bien. Piensa en el esfuerzo de su padre por contenerse.
El joven alcanza a su padre, que estaba a punto de volver al ver que le gritaban algo a su hijo. El padre al verlo venir lo espera y le pregunta:
- ¿Que te dijo?
- Nada.- y agregó- Que lo disculpes.- se sonrió y miró al otro lado de la calle- Crucemos, que está en verde.
Agregar a Memorias   Comentar
OWNED. Al menos eso se lo tenian merecido.

Que maleducados.
Es que hay gente que son ellos, ellos y nada mas que ellos.